Vivir de fabricar sulkys se les vuelve cuesta arriba. Por eso ampliaron las tareas que realizan en los talleres; y ahora sobreviven con trabajos de herrería artística o con la reparación de equipos utilizados para la cosecha de caña de azúcar, en especial. Sin embargo, vislumbran una luz de esperanza en su actividad primigenia, a partir de un proyecto de la Municipalidad de Simoca y del Instituto de Desarrollo Productivo de Tucumán (IDEP). Víctor Alberto Lescano, Dante José Naranjo y Jesús Alberto Torrejón son los únicos productores de sulkys que actualmente quedan en Simoca. Sus nombres y, en algún caso, sus teléfonos de contacto figuran en el sitio web ideado para promocionar la venta de estos vehículos fuera de las fronteras de la provincia e, incluso, del país.

"Sulky nuevo, prácticamente no se vende desde hace un par de años; lo que hacemos es reparar los que hay, que son muchos. Pero hay que usar el taller para otras cosas, porque no alcanza. Y eso que trabajo solo, porque no da ni para tener empleados", cuenta Lescano, que heredó el oficio de su padre. Según cree, las facilidades con las que se adquiere una moto atentaron contra la compra de los rodados de tracción a sangre.

No obstante, tiene confianza en la iniciativa de las administraciones provincial y municipal. "Hay un proyecto, en el que trabajamos con el Gobierno, para promocionar el vehículo en el país. Por medio de la página nos conocen más. Ahora estoy haciendo un sulky para Mendoza", cuenta. Además, está arreglando las ruedas de madera de otros, cuyos dueños son de Salta y Jujuy.

Agrega que la venta de estos rodados fuera de la provincia no es algo nuevo. "El sulky ya salió afuera, y saldrá de nuevo. Mi papá, que trabajó durante 70 años haciendo sulkys, vendió a Francia y a Australia; eso fue entre fines de los 80 y principios de los 90", recuerda. Según precisa, un sulky nuevo, fabricados con materiales de primera, llega a costar unos $ 10.000.

El flete
"De Salta, de Jujuy se están llevando algunos sulkys; para las fincas, especialmente. Acabo de vender uno para Amaicha; y hace un tiempo para Chicligasta, para San Pedro de Colalao", cuenta Naranjo, que fabricó la diligencia que se utilizó en la película argentina Aballay. Este artesano admite que resulta muy caro vender para un sitio muy alejado, debido al costo del flete. Pero dice que aun así se contactaron de Chubut, Chile y de Australia, para comprar el vehículo.

Coincide con Lescano en lo que cuesta un sulky de primera; pero agrega que también los hay que cuestan unos $ 7.000 y hasta de unos $ 5.000. "Hacemos sulkys para la gente grande, y para el campo, donde hay zonas en que deben cruzar ríos o arroyos; porque el centro de Simoca ya es todo de las motos que tiene la juventud", dice. Añade que un sulky usado puede valer unos $ 3.000 y que la reparación -dependiendo de lo que se trate- puede costar unos $ 1.500. Los precios se equiparan con los de las distintas motos, precisamente.

Naranjo también confía en la propuesta oficial. "La idea es incentivar la venta, lo que generará salida laboral. Si sale todo bien, los tres talleres aumentaremos el trabajo. El Gobierno quiere que los sulkys se distribuyan por el país y por el exterior; sé que van a mostrarlos en ferias y en exposiciones. Está bueno", afirma. Entre las herramientas que utilizará la Municipalidad y la Provincia están los videos de promoción. Naranjo ya está acostumbrado a las cámaras: "ya vino antes un canal de Buenos Aires y me pagó por filmarme mientras construía un sulky".

Naranjo quisiera enseñar el oficio y está dispuesto a hacerlo, si el municipio lo contrata; pero no ve interés en la juventud: "ellos están más con las computadoras, que dan más plata y ensucian menos".